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martes, 9 de septiembre de 2008

DOS. EL AULLIDO DEL LOBO ESTEPARIO

Y el lobo se convirtió en serpiente, en víbora aspid dispuesta a morder. Culebreante, venenosa, se acercó silenciosamente hacia la loba que dormía confiada.
Fue un mordisco rápido, hecho sin cuidado, la loba solo notó algo entre su pelaje, se fue envenando poco a poco. El aspid se había alejado ya, no había esperado a ver la agonía, le había picado por placer, marchándose sin ningún atisbo de preocupación.
La loba se despertó, era muy fuerte pero el veneno ya inundaba todo su cuerpo. Miró a su alrededor y comprendió que había pasado. Arrastrándose penosamente salió de la lobera, el resto de alimañas la esperaban, esperaban que le llegara la muerte y devorarla.
Débil, casi muerta, no quiso dejarse morder. En un último esfuerzo, se irguió sobre sus cuatro patas y los miró desafiantes, con los dientes blancos fuera como advertencia.
Detrás de ella, oyó unos pasos, se volvió viendo a otro hermano lobo. Este se puso a la par para que ella se apoyara en él hasta llegar a su destino.
No estaba allí para quedarse, sólo para ayudarla a llegar al final. En la orilla del río la dejó suavemente en el suelo, le acarició el hocico y se marchó. Se acercó más a la orilla hasta dejarse caer en la corriente. Nadie la mataría, ella sería quien elijiera el momento así como la forma de su muerte.



martes, 12 de agosto de 2008

UNO. EL JARDÍN

- Doctor, estoy curada.
- No me llames doctor. Y eso ya lo veremos.
- Pero doctor... perdón, señor, es que ya me siento bien. No tengo ganas de entrar otra vez en esa historia.
- Las pruebas lo dirán. Uno no sale tan sencillamente de ese mundo. La gente recae y tú podrías hacerlo.
- ¿porqué no confía en lo que le estoy diciendo? ¿es que no vale nada mi palabra? Ya comprendí hace tiempo que para salir de aquí tenía que curarme, no mentir.
- ¿Y quién dice ahora que no mientes? Ya lo hiciste una vez, te dejaron marchar y tuvieron que traerte de vuelta. Esta vez te harán una prueba, eso bastará.
- Haganme las pruebas que quieran. Reconozco la relación enfermiza que tenía, lo enganchada que estaba. Aunque me ha costado un tiempo, lo he superado.
- Si te dejaramos a solas en una habitación con ella, ¿qué harías?. Volverle la espalda no es una respuesta.
- No. Me enfrentaría a esa situación con normalidad porque ya no tiene ningún efecto sobre mí, estoy mejor sin ella y así quiero seguir... ¿es la respuesta correcta?
- Muy bien, lo es. De todas formas para asegurarnos seguirás aquí un tiempo, reflexionando.
- Me aburro en el sanatorio. Doctor, no quiero estar aquí.
-Aunque mi opinión no valga mucho, sigo pensando que deberías quedarte.
- ¿Y porqué su opinión no va a valer mucho? Usted me ha ayudado tanto desde que llegué doctor.
- Es posible... pero por última vez..., no soy doctor- le dijo el árbol del jardín.

miércoles, 6 de agosto de 2008

CERO. CANDOMBE APERTURA


Hoy, después de mucho tiempo, ha soñado, y lo ha hecho con él, no con el que se fue sino con el que vino, ese que le regaló la sonrisa y el brillo en la mirada. Pero al despertar sólo ha podido recordarlo a medias.

Leía su blog, que tanto y tan poco le dejaba ver de él, esta vez había una carta, era para ella. Era extraño, estaba escrita con gracia argentina, el soniquete gaucho era agradable. Sin embargo, no recordaba que ponía, aunque podía asegurar que hablaba de ella, de fondo se oía Candombe Apertura de Dusminguet.


Ojalá pronto escriba...